Jornada Internacional de Chevremont -( 27-08-2000)

 
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Jornada Internacional de Chevremont -( 27-08-2000)
 
 
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ALOCUCION DE MARGARITA
EL SUFRIMIENTO VISITA EL MUNDO. ENTREGUÉMOSLE LA ALEGRÍA DEL PADRE, EL AMOR DEL HIJO Y LA PRESENCIA DEL ESPIRITU SANTO EN NUESTROS CORAZONES.

(Esta alocución no la pudo pronunciar Margarita. A pesar de haber tenido una caída en la noche del Sábado 26, el domingo 27 ella estaba presente en la mañana en la Celebración Eucarística, sufriendo mucho, pero deseando estar presente para las Almas Pequeñas. En la tarde fue llevada a la clínica de urgencia, donde se constató que tenía el cuello del fémur fracturado, fue operada al día siguiente y pedimos oraciones para su restablecimiento.)

Mis queridas Almas Pequeñas:
Siento en mi corazón una gran alegría de poder dirigirme a ustedes de nuevo en esta bendita colina de Chévremont. Hoy yo vengo a hablar a ustedes sobre todo de El que no viene más que para dar. El, que es la Vida por esencia y por excelencia.
El es la Luz ante la cual toda tiniebla se esfuma y se disipa. Es también ver la claridad que es el envoltorio que penetra el alma de los pequeños y los incita a ir hacia El que quiere colmarlos de todos sus bienes y que reserva para aquello que escuchan su Voz; las 7 bondades creadoras o benéficas de la santidad.
Mis queridas Almas Pequeñas, para realizar ese milagro de Amor, Jesús debe multiplicar los prodigios infinitos de su poder de Amor.
El Señor quiere hacerse presente entero sobre todos los altare católicos del mundo, en todas las santas hostias consagradas.
Cada Día ese prodigio se renueva al escuchar la voz de los sacerdotes que ofrecen el Sacrificio en la Santa Misa
Para realizar estos milagros permanentes, Jesús tuvo que soportar la incredulidad de aquellos que no quieren creer en Su Amor. El pasó por los ultrajes infligidos por sus enemigos desde siglos; todavía es injuriado en su Sacramento de Amor. A veces esto llega hasta el robo de las hostias consagadas, para profanarlas con blasfemias e increíbles orgías. A esto contribuye la indiferencia de algunos fieles y sobre todo la traición de algunos de sus ministros. Pero Jesús sabía que habrían ministros indignos que consagrarían como una forma (o fórmula), para sumirla así en conciencias manchadas y esto es la pena más grande, la más sensible para el corazón de Jesús, más que el beso de Judas, la de un mundo cruel a través de los siglos.
Jesús también sabía que muchas almas fervientes, lo amarían hasta la muerte. Sabía la consolación que recibiían con su Santa Presencia, en la hostia, las almas simples, las almas pequeñas.
La Cruz Salvadora se eleva ante los ojos de este mundo perverso, pero yo les digo; Jesús pide a sus humildes niños, a esos pequeños creyentes en Su Amor, el amarle lo suficiente, como para hacerlo descender de esa Cruz sobre la cual, desde hace tantos siglos El espera la conversión de su pueblo.
Para Ti Señor, yo quiero ser lo suficientemente pequeña para poder arrancar los clavos que te retienen todavía sobre esa cruz para que al fin Tu vengas a vivir en paz en medio de tus hijos que esperan Tu vuelta y esperan no decepcionarte más. Mi niña, dice Jesús, Yo enseñaré por tí. Yo me encargaré de consumir tu vida en muchas almas que te son queridas por la luz viviente de mi gran amor por ti, pequeña niña y por todos y por cada uno.
Mis queridas niñas conquisten el Corazón de Jesús; ustedes saben que no hay que juzgar, y que hay que ser indulgentes ante los defectos que uno constata en los demás.
Es una prueba de humildad y toda la humanidad en su debilidad necesita del Espíritu de Dios para aprender a ser tolerantes hacia su prójimo. Evitemos herir con reproches aunque fuesen necesarios, ya que saber corregir en la verdad a menudo lleva incomprensión, mostremos lo que somos en realidad, tan pequeños. Hagamos intervenir en nuestras palabras al Maestro de la Misericordia infinita. Aprendamos a entrar en nosotros mismos ya que no somos perfectos. Entenderlo esto bien es asimilarlo para reencontrar la paz y la humildad que nos faltaba. Cerrar los ojos es mejor que abrirlos sobre el error y las vanidades. Evitemos la tentación de prolongar toda conversación no conforme a la caridad tan necesaria para el retorno a Dios de las ovejas que se pierden.
Mis Almas Pequeñas, ustedes que sufren, yo les digo, ustedes serán consoladas, si son ofrenda y fidelidad. Si ustedes están en la alegría, dad gracias, pues el Cielo pertenece a los misericordiosos y a los verdaderos servidores. Si ustedes lloran, Jesús secará vuestras lágrimas, si permanecen fieles a sus mandamientos.
Almas Pequeñas, respeten la Ley DIVINA, huyan de los falsos profetas. Si ustedes están en la alegría, dad gracias, pues el Cielo pertenece a los misericordiosos y a los verdaderos servidores. Si ustedes lloran, Jesús secará vuestras lágrimas, si permanecen fieles a sus mandamientos.Vuestro corazón, vuestra conciencia de cristianos les pertenece y nadie la puede violentar, ni ustedes mismos. Sean de la raza de los elegidos de Dios "respeto y amor".
Sean felices, mis hijos, pues ya estarán en ese momento vertidos los unos a los otros.
Muchos cristianos tan amados del Creador, están engañados en su fe por falsas teorías, se han extraviado en lugares donde el Señor está ausente.
Sean flexibles a la mano que los conduce nuestro bien amado el Papa Juan Pablo II tan fiel al Evangelio y a su Tradición de siempre.
Que el Espíritu Dios descienda sobre ustedes.
Aléjense de las vanidades del mundo, del amor al dinero, del vicio, las mentiras y mezquindades que hacen tanto mal. Juntos, volvamos hacia Aquél que sólo es la Verdad y la Vida. Salvemos al mundo en peligro por nuestro amor sacrificial, defensor de la Ley DIVINA por nuestro humilde amor, confiado y sereno. Jesús nos alerta, que la vuelta no está lejos. El sufrimiento visita el mundo. Devolvámosle la Alegría del Padre, el Amor del Hijo y la Presencia del Espíritu Santo en nuestros corazones.
Mis queridas Almas Pequeñas, todos sabemos que los obispos, sucesores de los apóstoles tienen el deber primordial de defender el bien del Señor, la Iglesia. Ellos deben ante Dios comprender que los tiempos actuales no están en el silencio de las conferencias episcopales. Ellos tienen el deber de defender sin temor con su palabra, y sus actos a las almas que Dios les ha confiado. El silencio ya no es requerido en la hora actual. Los obispos en comunión ardiente con el Santo Padre, bien amado por el Señor y de nuestras almas en plena comunión con El, deben elevar fuertemente la voz para denunciar el mal que no cesa de agravarse. No solamente denunciarlo, sino también condenarlo. El miedo paraliza muchas almas con responsabilidades para la sobrevivencia de las almas ante Dios. Ellas deben hablar por el Espíritu Santo que todos nosotros hemos recibido.
Mis pequeños niños, ¿por qué entonces el Señor quiere todavía servirse de la extrema pequeñez para mostrar a los grandes de este mundo, mundo ciego y sordo a las desgracias y que resuenan en los cuatro rincones del mundo la urgencia de la hora que vivimos.
Hay que atreverse a hablar, mostrar sin verguenza humana a todos y a cada uno el buen camino.
Algunas voces son débiles, tan débiles que no llegan al corazón de los hombres. Oh, yo veo a muchas almas precipitarse hacia el abismo, esos hombres que no quieren entender.
¿Cuándo el actuar de los responsables cambiará la faz del mundo? ¿Pero dónde se han ido nuestros defensores? Tantas almas no quieren otras responsabilidades más que aquellas que ellas se atribuyen. Ellas no se preocupan del socorro que podrían dar al mundo y que juzgan o condenan obras más que loables, sin preocuparse de la verdad. Esa verdad que exige la atención de los superiores y que algunos se olvidaron de las palabras de San Pablo: "Retener lo que es bueno y rechazar lo que es contrario a la Ley Divina".
Sí mis niños, mis queridos pequeños niños, ¡oremos!, ¡oremos! que Dios nos tenga Misericordia.
Se necesita hacer volver a Dios a los pueblos que estremecen las Santas Exigencias de nuestro Rey Jesús. Almas Pequeñas hay que ponerse a trabajar para hacer florecer de nuevo esas exigencias que son flores de amor, por las enseñanzas del cristianismo.
Hay que reanimar en nosotros y alrededor de nosotros, mis pequeñas, el espíritu de caridad entre los pueblos divididos por el odio. Hay que combatir totalmente, según nuestros medios los falsos principios del mundo, las costumbres estableciadas hasta en medio de algunos hogares, y combatir sus malas costumbres anticristianas, que ponen en peligro las costumbres de los fieles. Jesús dijo: "Yo bendigo el ferviente apostolado de mis Almas Pequeñas. Yo estaré con ellas en el buen combate. Miren a menudo el cielo.
Está allí vuestro hogar eterno. Conquístenlo con vuestra generosidad. Yo no soy avaro con mis dones. Crean en Mí como Yo quiero creer en vuestra fidelidad"
El nos pide: "No se asusten hijos, de vuestra debilidad pasajera. Yo estoy tan consciente de vuestras pequeñas miserias. ¿No saben ustedes que mi Misericordia no cesa ante vuestras debilidades en caridad y arrepentimiento si verdaderamente lo quieren? Soy Yo que simplifica cuando poseo vuestro corazón y vuestra voluntad. No me lo nieguen, pues Yo lo necesito".
Mis queridas Almas Pequeñas, nosotros podríamos pensar que después de haber dado Su vida para rescatarnos, Jesús no tenía nada más que darnos. Si hubéramos vivido en esa época del Sacrificio del Salvador, estando cerca de El, díganme mis almas pequeñas, ¿podríamos nosotros pedirle un amor más grande por nosotros, probando cuanto El nos amaba? Hasta el fin de los tiempos El será el Gran Amor Universal, créanme, Jesús no cambia, y si el hombre, su pobre criatura ha cambiado, es la más grande ingratitud que podemos infrigirle, olvidando su Sacrificio de Amor y no cesando de hacerlo sufrir. ¿Cómno va a reaccionar Jesús? con¿Misericordia? Sí, es verdad, pero también como un Padre que castiga a su hijo, pues a veces es necesario para salvarlo del mal, manifestando su justicia aunque duela el corazón.
Vuestro Salvador se dio por amor. El ha vivido nuestra propia vida y se ha sacrificado por aquellos que El no ha podido salvar más que por los dolores de la Cruz. La Santa Eucaristía renueva inefalemente la Bondad del Cielo que dice: "Yo soy el Pan de Vida. El que me come no temerá de morir" y Jesús insite, no cesa de hablar a los hombres.
La humanidad le sirve de medio, sea doloroso, sea feliz, para entrar, aunque fuese en un pequeño rincón del alma que lo rechaza. En ese momento esa alma estará misteriosamente bajo los efluvios del Corazón de Dios. Lo quiera o no se vuelve habitación de Aquel que no terminará de habitarle.
Queridas Almas Pequeñas, reconocemos a menudo que se ha iniciado en nosotros un Tesoro inefable, ha penetrado hasta el fondo de nuestra alma para purificarnos, llenarnos de su Bondad y transformarnos. Así lo ha querido y para probar que el deseo de Jesús es ser el alimento del pobre, del humilde que reconoce la Fuerza que lo anima cuando de las manos de los sacerdotes El nos penetra con la Pequeña Hostia, que Lo vivifica en nosotros. Pero, atención, no es un pedazo de pan que comemos, es el Cuerpo Sagrado de Aquél que se ha dado a nosotros por la eternidad. También yo les recomiendo desde mi pobre corazón el recibir a nuestro Dulce Salvador con el más grande respeto."Vuestra fidelidad, será vuestra eternidad conMigo eternametne, suéñenlo. Yo les pago bien caro en esta renovación no sangrienta de mi sacrificio, la Santa Hostia. Por vuestra caridad, apliquen a las almas que le son queridas, y a ustedes mismas los méritos infinitos de mi amor por vosotros."
Jesús, mis pequeños, es la llave de la Historia. El es el Jefe de la Iglesia, que sigue aquí su vida humillada y triunfante. Jesús está Vivo en cada alma. El acaba en ella su Pasión y la Obra de la Redención. Yo los amo a todos con su Corazón que está en cada uno de vosotros.


Marguerite.-


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