Reunión Internacional de Chevremont - 25 -08-1996

 
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Reunión Internacional de Chevremont - 25 -08-1996
 
 
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ALOCUCION DE MARGARITA
DIOS HARÁ DE NOSOTROS OBREROS PARA SU COSECHA

Mis muy queridas Pequeñas Almas:

En este día del Gran Encuentro Internacional, vengo a deciros toda mi felicidad de veros tan numerosos y fieles a la cita en este lugar bendito donde nuestra Señora reina particularmente desde hace tantos siglos. Y Jesús, su Hijo Bienamado, ha elegido la proximidad de la corriente de Amor que la Reina de las Pequeñas Almas hace pasar en el corazón de los que vienen a visitarla. Un día, Jesús dijo: <Allí donde reina mi Madre, reinaré Yo>. Que el Espíritu Santo entre en vuestras almas para hacernos conocer y comprender la verdad acerca de un mundo empobrecido, catastrófico. Que redoble en vosotros la Fuerza de su Amor Misericordioso.
Pequeñas Almas, sabéis que sólo el Amor puede salvar al mundo. Es por eso que jamás podremos amar bastante y hacer amar al Amor. Lamentablemente, los que son del mundo y quieren quedarse en él permanecen sordos a la voz de Jesús, que no cesa de hablar al pueblo, su Pueblo, el de los pequeños que están abiertos a sus enseñanzas. Los grandes de este mundo y muchos teólogos, sabios, seguramente, e indipensables en el bien, cuando no son conducidos por el espíritu de error, no están siempre receptivos a la gracia que santifica las almas y los cuerpos sufrientes. Su celo se manifiesta en la búsqueda de los remedios a los males corporales. Y ahí se detiene a menudo un apostolado, a veces de calidad, pero que no tiene sino un nombre: lo humano. Lo espiritual está todavía por llegar.

La moral cristiana enseñada por el Jefe Supremo de la Santa Iglesia están ausente en muchos lugares de esta tierra. El Santo Padre para muchos es considerado como alguien que molesta. Jesús, que había venido para salvarnos, ¿no fue también alguien que molestaba? El era el gran contradictor del mal que había que vencer. Aquí ya no digo más. Las pequeñas Almas han comprendido, y sabrán dar testimonio de ello, con su comportamiento y sus actos, lo que vale más que las palabras. Esto también es ser misionero en la Iglesia de Cristo y bajo el cayado de nuestro muy amado Papa Juan Pablo II, tan mal amado por la masa de sus enemigos, pero tan amado de los pequeños.
Nuestra misión se concretiza en la fidelidad, la obediencia a los mandamientos de Dios y de su iglesia, así como en el amor al prójimo. Pero tengamos cuidado con ciertos medios de comunicación que muy a menudo se destacan por deformar la verdad. Por eso os recomiendo hacer una buena selcción de vuestras lecturas, diarios y programas de televisión. Y, sobretodo vosotros los adultos, alejad de vuestros hijos todo lo que puede herir su corazón en el que se está formando lo Divino que deben conocer, aceptar y respetar. Ciertos padres desgraciadamente,no dudan en decir a sus hijos <déjennos, tranquilos y vayan a jugar> Estos padres están en ese momento frente a la televisión. Si todos tenemos responsabilidades a los ojos de Dios en el buen equilibrio y el porvenir de nuestros hijos.
Es cierto que la naturaleza humana es débil y que a cada instante tenemos necesidad del socorro divino, pues la debilidad humana y el pecado causan a menudo muchas heridas en nuestra alma. Es por eso que abordo aquí el problema del Sacramento de la Confesión, muy empobrecido en muchas almas que se creen sin pecado.
Queridas pequeñas Almas si queremos vencer al enemigo nuestra alma debe ahondar, lo más seguido posible, en la Misericordia de Dios para encontrar fuerza y valor, por la práctica de la confesión. ¡Dios es Amor y Luz. Hay que buscarle sin cesar para llegar a ser semejantes a El. En la confianza y la esperanza, os pido aquí tomar el <verddero> camino que conduce al amor <verdadero>, al amor generoso que se da a todas las buenas voluntades. En nuestras pobres almas magulladas tan a menduo en estos tiempos que vivimos, miremos muy a fondo de nuestro corazón el Inmenso Poder de nuestro Creador rodeando con su protección a los más pequeños que han tenido bastante confianza para ofrecer humildemente sus miserias a este Dios-Amor. Imploremos su perdón por las manos consagradas de sus ministros.
Estamos hechos para una felicidad eterna, pero tenemos que ganarla, no en palabra, sino en actos. Y Jesús hará de nosotros obreros para su cosecha, en su bello campo de amor, invadido por la cizaña del mal. El eligió nuestra querida Legión y tantas otras obras de caridad y de fraternidad para cumplir ese trabajo inmenso de moldear su tierra, que será la tierra prometida a los hombres de buena voluntad. Jesús dijo un día: <La minoría será salvada>. Las Pequeñas Almas serán de esta minoría y todos aquellos que han luchado por la Verdad, pues ellos han comprendido que no son nada sin Dios. El ha dicho también: <Cuándo venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?.>
Estas dos palabrqas diferentes se compenetran singularmente.
Queridas Pequeñas Almas todos sabemos que sólo el Amor puede salvar al mundo. El primer combate de los pequeños pioneros del Amor, es la Eucaristía que hay que defender contra la falta de respeto, contra la indiferencia con la que se la recibe, semejante a pedazos de pan, cuyas migajas se recogen, pero no son desde luego las que caen de la mesa del Amo, puesto que son pisoteadas por el conjunto de los fieles, inconscientes del drama que ocurre. Se puede decir que es el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo martizado por sus propios hijos. La conciencia de los pequeños debe mostrar el camino a los que deberían enseñar a los hijos como y para quién ha muerto Cristo en la Cruz, mostrándoles que es hora de rendirle lo que le es debido: el respeto, recibiendo el Sacramento del Amor sobre los labios de los hijos de Dios abiertos y tendidos hacia el Pan de Vida con fervor.

Sí, hagamos por gracia, reconociendo bien nuestra impotencia, los pioneros del Amor. Ya la Legión de los Pequeños está en marcha. Con nuestro respeto, lo repito, seamos los ejemplos que Dios ha formado para este efecto y rindámosle el culto que le es debido, recibiéndole con gratitud sobre nuestros labios que no quieren hablar ni actuar sino con amor. Demos a nuestros hijos el culto de este amor bendito. Nos hemos enterado que un Arzobispo emérito africano, recomendaba con mucho amor la comunión en los labios en un acto de adoración ¡Que sigan su ejemplo.
La Cruz Dolorosa se manifiesta por doquier. La Voz de Jesús llama a las almas. La Misericordia está al acecho para salvar lo que puede todavía ser salvado. Caridad es su Nombre. Pequeñas Almas, reflexionemos y seamos conscientes de las magulladuras que causa a los hombres el espíritu malo. El sabe que pronto, a la hora que Dios ha escogido, él deberá desaparecer. Es por eso que redobla las malas actividades para arrastrar con él el mayor número pòsible de almas a esos lugares de donde no se regresa. ¿Dónde está la alegría con que Dios quiere colmarnos?
¿Dónde van nuestros jóvenes? Hijitos míos, la felicidad no está ahí donde encontráis el goce pasajero de un estado que, creedme, pasará, dejando tras sí un sabor amargo de pesar de lo que habréis perdido. La llamada de Jesús a vuestras almas es poderosa, fuerte y no podéis oírla en vuestros corazones. Tened piedad de vosotros mismos, que nos sabéis lo que esta tierra trae. ¡Dios existe ¡Dios está aquí. ¡Venid a El, pues El os ama.
Creamos, queridas Pequeñas Almas, que si nuestras voces no son bastante fuertes para advertir, las piedras mismas gritarán. Nuestra defensa para nosotros, los muy pequeños, es el Santo Padre, nuestro guía a través de los pantanos de esta vida. Salvar el mundo es, sobretodo, alistarnos bajo el cayado de Juan Pablo II para correr en socorro de los pequeños sacrificados en el seno de su madre. ¡Cuántos asesinatos no castigados, sino mas bien estimulados por unas leyes más tolerantes las unas de las otras. ¿Y decidme, queridas Pequeñs Almas, tendremos miedo de hablar frente a estas ignominias? ¿Será ese el retorno a las catacumbas? Nuestros gobernantes que, por medio de unas leyes justas, podrían detener los asesinatos en serie de pequeños inocentes, no hacen nada. Es la permisividad, y no dudo en decir que muchos de los reponsables, dirigiendo los países, no son dignos de nuestra estima, como tampoco los medios de comunicación, de los cuales se sirve el enemigo muy a menudo para perder las almas por la desinformación de la verdad.
¿Quiénes son los que son capaces de defender el honor y la vida? Son los que son bastante pequeños para comprender que, sin Dios, no son nada, que se dejan guiar por el espíritu Santo, que quiere hacer de nuesta querida Legión y de todas las buenas obras existentes, un maravilloso terreno de apostolado para un mundo mejor. Seamos unos pequeños David contra la mosntruosidad de los Goliath de esta tierra. Reconociendo nuestra impotencia, que Dios haga de nosotros los muy pequeños de su Amor Misericordioso para todos los pobres de este mundo. Demos a Jesús nuestro Don y nuestro total abandono. Así llegaremos a ser semejantes a nuestra gran <Teresita>. ¿No es ella un poco e incluso mucho, la Patrona de las Pequeñas Almas?

Jesús parece decirnos: <Sí, daos a Mí cualesquiera que sean las circunstancias de vuestra vida. Yo no os decepcionaré> Y pienso, queridas Pequeñas Almas, que esta es una promesa formal que Jesús nos hace. El Amor de Dios está siempre Vivo para cada uno de nosotros. Sin eso El no sería la <transparencia> y la <esperanza> de nuestras almas que son su razón de Ser.
La infancia espiritual está en la espontaneidad de los corazones, pero hay que vivirla en los actos para avalarla en una confianza total a la Santa Voluntad de Dios. Mucha gente hace al Señor responsable de las miserias de este mundo, pero pensemos bien que somos nosotros mismos quienes somos culpables de destruir la tierra que nos alimenta. Dios no puede intevenir sin que le llamemos, pues El ha dado a todos la libertad de elección.
Nuestra tan buena Mamá del Cielo nos suplica en nombre de nuestras mamás de la tierra que salvemos por nuestro <sí> a la gracia, la Herencia Sagrada de su Hijo: que es la Santa Iglesia y los Sacramentos que el Amor Misericordioso nos pide respetar. En la Iglesia de Jesucristo, sus mandamientos no han sido y no pueden ser cambiados. Son los hombres quienes han cambiado. ¡Dios no cambia ¡El es inmutable.
Queridas Pequeñas Almas os pido con insistencia os mantengáis lejos muy lejos de las sectas demoníacas que se multiplican por doquier, hasta inducir en error a muchos cristianos, dejados sin defensa por los responsables de la supervivencia del mundo y de nuestras almas en esta Iglesia fundada por Jesucristo. El verdadero camino de nuestra salvación se concreta por la fidelidad, el conocimiento y la obediencia a los Mandamientoss de Dios y de la Santa Iglesia en el amor y la caridad hacia nuestro prójimo.
Mamá María, Reina Madre de nuestras almas nos estimula, mirándonos a cada uno de nosotros con sus bellos ojos llenos de lágrimas. Desde este lugar de bendición y de santidad que es la colina de Chevremont, conocida en tantos países. Ella nos ama y nos pide ser el consuelo de su Hijo y el suyo. Los dos nos bendicen y nos piden que seamos Amor a su Imagen ¡Que Jesús y María, sean un sólo Corazón en nosotros ¡Que Ellos envíen santas vocaciones religiosas y sacerdotales, de las que tenemos tanta necesidad.
Pensemos en los Pastores de las almas que han recibido el poder de reevangelizar a los pueblos, de hacer y de deshacer. ¡Cuán grande es su responsabilidad frente a Dios. ¿Por qué tantos de los elegidos guardan en ellos, lo que han aprendido en el momento de su compromiso sacerdotal? ¿Por qué este miedo de hablar, de denunciar el mal? Por qué este respeto humano? ¿Por qué algunos de ellos llegan a ser <hombres de mundo> cuando el Pueblo de Dios está perdido en tantas contradicciones a las que está sometido porque está solo y librado a sí mismo, lo que hace la alegría de las sectas demoniacas
¡Señor envía tus ángeles para ayudarnos a encontrar el camino de la salvación en este laberinto de los pecados del mundo.
Danos, Dios mío, buenos y santos sacerdotes, conscientes de su misión recibida de Tí, Jesús. Se debe, hoy más que ayer, ir contra la corriente para reenseñar a los hombres a amar. Es el buen remedio a todo mal.
Puedas Tu Señor, animar y abrasar el alma de nuestros sacerdotes del Fuego del Amor Misericordioso para las almas a salvar, esas almas las que tienen a su cargo delante de Ti. Entonces, Jesús. Tú harás de cada uno de nosotros, obreros para tu cosecha.


Margarita.-
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