Reunión Internacional de Chevremont - 25-08-1992

 
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Reunión Internacional de Chevremont - 25-08-1992
 
 
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ALOCUCION DE LA MENSAJERA

Queridas Pequeñas Almas:

Gracias por vuestra fidelidad a la cita que Jesús les da cada año en este hermoso lugar de Chevremont. Muy unidos en El y en María diremos juntos cada uno en su lenguaje, un Ave María para que el Amor sea más amado en este mundo y para que la Misericordia sea más conocida. Agregaremos a nuestra plegaria vuestras intenciones y las de la gran familia de las Pequeñas Almas del mundo entero.

¿Quién no experimenta en su croazón el deseo de amar, de ser amado y de ser comprendido? Mis queridas Pequeñas Almas den el Amor a su alrededor, cosecharán el Amor para ustedes mismas. No vivan en la soledad del corazón, sino llénenlo de buenas intenciones.

Amémonos unos a otros como Dios nos ama. Yo veo a Jesús en ustedes y en El las amo. Les pido que me ayuden con vuestras plegarias, durante el tiempo que Dios me conceda aún en la tierra, para hacer amar al Amor Misericordioso.

En vuestros corazones a veces sumidos y ulcerados por el sufrimiento, ofrezcánle vuestro don a Dios. El las consolará. Creánme. La única felicidad sobre la tierra es saber amar a Aquél que nos creó y dio la vida.

No profanen el Amor, pues El es grande en la belleza y en la pureza del don, en la alegría dada a nuestros hermanos por la ofrenda de nuestros corazones. En la enseñanza que Jesús dio al mundo. El nos dice que perdonemos a nuestros enemigos, que roguemos por ellos.

Seamos buenos en su bondad, para que él sea en nosotros. Si le permiten que se quede aunque sólo sea por una hora, nunca les dejará.

Centren vuestra vida en el Amor, jamás seréis decepcionados. Pienso en Teresita de Lisieux. Ella se entregó al Amor y nunca se lamentó.

Cómo desearía que conocieran la infinita Misericordia que se complace en consolar y ayudar a las almas heridas por la vida. Tenemos tanta necesidad de saber que Dios nos ama a pesar de nuestros defectos. Bien pobre es aquél que se cree justo. Más que otros tiene urgente necesidad de la Misericordia, nacida del Corazón Adorable del Salvador a fin de traer al seno de la Iglesia a sus pobres hijos pecadores. Queridas Pequeñas Almas, si ustedes son buenas una vez, ya no podrán dejar de serlo. ¡Cuán necesario le es a nuestro tiempo escuchar hablar de bondad!
Seamos hijos de luz, es aún posible en nuestros días y les digo: la hora es grave para la humanidad. Los signos evidentes dados por el Cielo no son comprendidos por todos pero son reales. La Iglesia, nuestra Madre está enferma por la infidelidad de muchos de sus miembros, pero no olvidemos que Ella es santa con la Santidad de su Fundador, Nuestro Señor Jesucristo. La Iglesia no perecerá pues Ella recibió las Palabras de Vida Eterna.

Excesos lamentables se cometen cada día, a pesar de la Voz del Amor Misericordioso que se hace oír por el Jefe Supremo de la Cristiandad, nuestro Santo padre el Papa, quien es criticado, controvertido aún entre los hijos de la Iglesia. Queridas Pequeñas Almas, hoy más que nunca, en su sufrimiento, el Santo Padre necesita de nuestras oraciones, de sentirse comprendido y amado.

Miremos a nuestro alrededor el caos que no deja de agravarse. La violencia reina, amenaza a cada uno de nosotros y contamina peligrosamente al Pueblo de Dios. Las ovejas infieles del rebaño continúan su estrago en el seno de éste. Ha llegado el momento en el que los Pastores de las almas deben tomar valientemente en sus manos su re-evangelización. Muchos llegan a negar la Divinidad de Cristo. Su presencia Real en el Tabernáculo se pone en duda por sus propios hijos; negación también de la Virginidad de Nuestra Madre Inmaculada, lo que no puede dejar de traer sobre la tierra el castigo de Dios. Sin ser profeta de desgracias, hay que confesar que el mundo merece una lección. Pero Dios es Amor ente todo.

Pienso en este momento en la idea dominante de la Nueva Era, para quien el pecado ya no existe. Pongo particularmente en guardia a nuestros cristianos contra esta secta, o más bien contra esta corriente de ideas que trata hábilmente de introducirse en el seno de nuestro catolicismo, extendiendo sus errores monumentales. El gran peligro que corre el mundo, es la pérdida de la fe. Y es aquí donde los sacerdotes tienen un rol capital a deseñpeñar para apaciguar a las almas angustiadas que ya no logran encontrar a su Dios en tal anarquía. Sí, la pérdida de la fe es, a menudo, la consecuencia de las faltas cometidas por los conductores de las almas. Algunos ya no están concientes del carácter sagrado de su sacerdocio.

Es el tiempo de la tribulación, de las herejías, de la ceguera de las multitudes, de la negación de Dios, de quien el hombre quiere tomar el lugar. En nuestros días la obediencia ha perdido su identidad real. Un telón de resistencia se alza contra el representante de Dios, los Obispos unidos al Papa, los pastores fieles son perseguidos por su fe por cristianos indignos de este nombre. Hablar más de ello, es revolver el cuchillo en el Corazón de Dios.

Unos de los más horribles azotes que golpea a la humanidad, es la herida abominable del aborto legalizado. El Santo Padre no deja de condenarlo, suplica, compadeciéndose sobre la suerte de los pequeños mártires que son sacrificados cada vez más por millones en el mundo entero. Las clínicas abortivas casi no descansan. El niño, desde su concepción, es un ser humano que tiene derecho a vivir hasta la hora de su muerte. Un gato aplastado en un camino nos sensibiliza, ¿el crimen del aborto va a dejarnos insensibles?

¡Mis Pequeñas Almas les suplico, salvemos a las pequeñas creaturas de Dios! ¡Sí, es la hora del buen combate! Apoyemos a aquellos que luchan por la vida, y que Dios bendiga y fecunde su apostolado, pues Dios es la Vida, y no se puede matar la Vida.

Sobre el tema de la Eucaristía, es un escándalo que se renueva en bastantes iglesias, en la recepción del Pan de Vida. Tengo que revelar aún la falta de respeto sacrílego de muchas personas que están muy lejos de la Realidad que reciben. La comunión no está rodeada de la veneración que se impone. Mis Pequeñas Almas, ¡Es tan hermoso como un niño recibe el alimento de su madre! ¡Cómo desearía que todos se comportasen como niñitos en la recepción del Sacramento de Amor! Con más respeto, con más conciencia de que están frente a su Dios, su Padre, su Salvador. Continúo pensando, pues Jesús no cambia, que la manera tradicional de recibir el Cuerpo de Cristo, es la única que hace de nosotros pequeñitos, tan conmovedores en su pequeñez de hijos de Dios. Un pajarito, alimentado por su madre, no es capaz de alimentarse solo. Una verdadera Pequeña Alma le gustaría parecerse a ese pequeñito, en la Mano de Dios por su Sacerdote. Tanto peor si nos toman por excedidos. Es más bien lo contrario. ¿El respeto no es un paso hacia la re-evangelización?

Es también el gran tiempo de volver a colocar en el sitio de honor al Sacramento de la Penitencia. Jesús vino a traer su Paz al mundo y como desearía reconciliar a sus hijos con El, y con ellos mismos. ¿Es tan horrible confesarse, aún para aquellos que no lo han hecho desde hace varios años? Un acto de humildad, y luego ¡qué paz! ¡qué alegría en el corazón al recibir el perdón de Dios! Que los sacerdotes nos ayuden por su disponibilidad para escuchar las confesiones.

Pido al Señor que extienda su amor a las dimensiones del mundo, que ustedes representan aquí, queridas Pequeñas Almas, venidas de todos los países para encontrar a Aquél que acaba de dar a este mundo el más maravilloso Mensaje de Amor, su Amor Misericordioso. El hombre sufre los dolores del parto pero por la gracia de Dios, retengamos la esperanza de una liberación santa y adquirida por la renuncia y el sacrificio. ¡Es la hora del buen combate! ¡Es la hora de la Misericordia! Roguemos para que Dios nos de santos sacerdotes y santas vocaciones sacerdotales.

Les pido que den a conocer en sus familias y en sus respectivos países que Chevremont es el lugar de donde Jesús parte a la conquista del mundo, que Chevremont por la Reina Madre de las Pequeñas Almas, es un lugar de resurgimiento en cristiandad.

Hagan conocer a todos el Mensaje del Amor Misericordioso a las Pequeñas Almas, y este alto lugar espiritual donde pueden venir a empaparse las almas deseosas de reencontrar un buen equilibrio espiritual en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo que da la Vida. Querids Pequeñas Almas, por nuestro amor debemos bajar a Jesús de la Cruz, donde El permanecerá atado por la locura de los hombres hasta la conversión de los pueblos.

A todos les digo mi amor. Siempre permanecerán en mi plegaria de humilde servidora del Dios-Amor.

¡Que Dios los bendiga y los guarde por siempre!


Margarita.-
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