Reunión Internacional de Chevremont - 27-08-1989

 
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Reunión Internacional de Chevremont - 27-08-1989
 
 
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ALOCUCION DE LA MENSAJERA
Queridas Pequeñas Almas:
En este año 1989, la Legión de las Pequeñas Almas, representada por ustedes y más que nunca fieles al Espíritu que la anima, se reencuentra con la alegría por una nueva reunión con su Señor, en esta colina de Chevremont, donde María nuestra Reina-Madre, espera a sus hijos para presentarlos a su Hijo Jesús.

A todos ustedes les digo mi felicidad de verlos de nuevo, gracias de estar aquí y ruego al Espíritu de Amor de unirnos todos por una intensa caridad; por un conocimiento más profundo del don que El desea hacer a los que elige. . . a Uds. Pequeñas Almas, como pararrayos de su Iglesia en la persona de su Representante aquí abajo.

Sepa que desde hace cerca de dos mil años, los hombres no han dejado de hacer sufrir a Jesus. El mundo actual tiene demasiada tendencia a acusar a Dios de todo lo que ocurre en estos tiempos que vivimos, cuando sólo ellos son culpables. Dios no quiere mal. El es Amor. Pero el hombre busca su placer,piensa ser eterno, cuando de un instante al otro, Dios puede quitarle lo que hace su felicidad en esta tierra. Reflexionemos, queridas Pequeñas Almas, que un día deberemos dejarlo todo y, a menudo, habiendo descuidado lo esencial. Si uno quiere entender y comprender la Palabra de Dios, es necesario saber rebajarse, humillarse y ser muy pequeño ante El.

Para ciertas almas, Dios es un símbolo, y todavía hay algunos que niegan su existencia. Los pequeños dan su oración y sus sacrificios, en su pobre medida, dilatada por el inconmensuralbe Poder de Dios que obra en ellos, para neutralizar el mal que daña nuestra sociedad.

Se dirá de nosotros toda clase de mal. Para algunos, somos avanzados, a los que no comprenden deseemos que ello aventajen a los pequeños de los cuales habla el Evangelio, en generosidad de los unos con los otros.

La gente de buena voluntad dirá a Dios: "Tú sabes, Señor, que tengo mucho respeto por T, pero no me pidas más".Tienen miedo de la Cruz, ¡El Amor no es amado, el Amor no es suficientemente amado! Pequeñas Almas nuestro guía más seguro es el Santo Padre. Sólo, recibe la gracia divina para conducir el rebaño que Jesús le confía. En San Juan está escrito: "Ustedes no me han elegido, y como Yo los he elegido y les he enviado para que Uds. lleven fruto y que vuestro fruto permanezca."

Queridas Pequeñas Almas, doy gracias a Dios por la semejanza de ese texto de S.Juan con la misión de la cual uds. son encargadas de esparcir por el mundo, y que Jesús revela en la "Misa del Amor Misericordioso a las Pequeñas Almas". Por eso yo, en nombre de Jesús, en testimonio de amor les envío a irradiar por todas partes como apóstoles de los tiempos modernos, en vuestro medio, en vuestras Parroquias y más allá de las fronteras, especialmente para uds. que vienen de lejos. Proclamad vuestra fe, vuestro amor, vuestra voluntad de ser consoladores del Corazón herido de Jesús, oprimido por el mal que reina aquí abajo. Sí, ustedes serán quizás tratadas como a menudo lo son los verdaderos servidores de Dios. ¡Qué importa! Somos sus hijos y tenemos derecho a su protección. Yo estoy aquí, hoy para ayudarles a comprender la necesidad vital de volver a las fuentes de una moral sana, a los valores evangélicos, tan olvidados en nuestros días. Pienso con tristeza, pero también con esperanza, en nuestra juventud tan querida por el Corazón de Dios, y de la que depende el porvenir del mundo.

Nuestros hijos están conformados, cada día, a la escuela del vicio y de la corrupción. Juan Pablo II decía que se le servía ese veneno en platos de plata. ¡Qué cierto es!
Necesitamos descubrir en nuestros jóvenes, lo que hay de mejor en ellos: su corazón.

Dejar hacer, equivale a un suicidio colectivo, y nada, ustedes lo saben, está el amparo de ese drama de sociedad si no se interviene los más pronto posible. Muchos de nuestros niños van hacia la novedad; espejismo peligroso que puede conducirles muy lejos, por eso, hay que invitarles a la reflexión.

Hago excepción de la bella juventud que conocemos, que están buscando la Verdad que los reúne a todos en un sólo corazón, en una sola alma (ved Beauraing y otros lugares privilegiados de encuentro de oración.)

Se debería poder hacer a muchos padres esta pregunta: ¿Qué han hecho de Dios en el alma de sus hijos? Y ustedes educadores, sacerdotes y todo el que tiene un rol que jugar en la formación de la juventud, no olviden que son responsables de las almas que les son confiadas. Hay una reflexión en profundidad que se impone, que supone un volver hacia atrás y dar pasos hacia delante, pero hay, sobre todo, el dar la cara al presente en el amor.

El fin de la Legión de las Pequeñas Almas es trazar el camino que lleva a la vida, Dios es la Verdad y la Vida. Es por eso que la oración y el sacrificio son pedidos a cada uno, pero todos no están dispuestos a sacrificarse demasidos placeres vanos los acaparan. Pequeñas Almas, es necesario comprender y aceptar las exigencias del Amor que implora.

Ofrecer todo por amor, sonreír al sufrimiento por amor, es difícil, lo sé, pero es factible con Jesús.

Pequeñas Almas, tan queridas del Corazón de Dios, alejemos de nosotros el "yo" egoísta, la hipocresía, la mentira, el orgullo, el amor propio, el respeto humano, ese pobre respeto humano que teme las sonrisas burlonas de los que no comprenden que uno puede enseñar ante todos, los signos de respeto debido al Santísimo Sacramento que se recibe, tan a menudo, de manera tan indigna para el verdadero cristiano. La Eucaristía no es un pedazo de pan, la Eucaristía es Dios.

Cuando más libertad se da para recibir el Cuerpo de Cristo, más debemos testimoniar, sin miedo y sin verguenza nuestra manera de comulgar, por un respeto más profundo. Muestran a todos que son verdaderas Pequeñas Almas.
Juan Pablo II nos dice: "Confien en la gracia de Dios que les dice: coraje", pues Cristo traerá la victoria sobre el mundo. No se puede pensar en construir un mundo nuevo sin ser fuertes y valientes, sin superar las falsas ideas que están de moda, los criterios de violencia, las sugestiones del mal.

Aquí se levanta la imagen del hombre verdadero que se expresa únicamente en el Amor y el don de sí (Juan Pablo II a los jóvenes); mis querids Pequeñas Almas, seamos luz en el mundo en crisis. Que los ciegos vean, que los sordos entiendan. Que cada uno comprenda el valor inestimable del Sacramento de Amor que os ha dejado el que dijo: "¡Yo soy la Verdad y la Vida!, quien cree en Mí, no moriraá jamás. Yo soy el Pan viviente descendido de los Cielos para alimentarlos"

Digamos con fe: "Sí, Señor, vengo a hacer tu Voluntad, pues como decía San Pedro, ¿Adónde iríamos? Tú tienes palabras de Vida Eterna"

En el seno de nuestra Iglesia, sacerdotes claman su obediencia al Santo Padre, pero le contradicen en lo que no les gusta. La verdad tiene sus derechos, cierto, y si todo no es bueno decirlo, es menos bueno todavía no hablar de ello. Dios da su ciencia a los pequeños, a los grandes El se la retira. El Espíritu de amor es un tesoro que descansa con delicia en el alma de los pequeños. Si la Cruz es pesada para todos, ella es también signo de esperanza.

Querids Pequeñas Almas, alentemos el bien, luchemos contra el mal, en el buen combate.

Y para terminar, haciendo mías las declaraciones de nuestros Obispos concernientes al respeto a la Vida, denuncio aquí la masacre de inocentes que tienen todos, tanto como nosotros, derecho a la Vida. El tiempo del silencio ha pasado, es necesario gritar al mundo: ¡Alto ahí! No al asesinato prenatal y legalizado. Una muerte es una muerte. El niño concebido es un ser vivo y Dios le ha dado ya un alma. Es el principio de lo que él erá un día. Un embrión que disgusta a algunos, es ya una criatura de Dios. Su personalidad se distingue ya de la de su madre. Uno no tiene derecho de matar la vida. ¡Es claro! Roguemos que esa ley monstruosa y actualmente amenazante, no se acepte.

Es necesario un volver a los valores cristianos y morales, sin eso, el mundo está cada vez más dedicado a la anarquía. El escándalo que yo denuncio aquí, son los movimientos que se dicen cristianos que desaprueban lo que nuestro buen Papa defiende con energía, el derecho a la Vida.

Amemos bastante para estar por el bien y contra el mal. Nuestra sociedad es permisiva, nosotros no lo somos.

Que Nuestra Señora de Chevremont, que yo quisiera verla más amada visitada y honrada, pues Ella es la Madre de la ternura y un milagro permanente que muchos ignoran y que ellos tienen la ventaja de descubrir, atienda nuestra oración y nos acoja para Gloria de su Hijo, para el bien de las Almas, para la salud moral de nuestro mundo desorientado y el triunfo de Aquél que nos ha dicho: "Yo soy la Vida".




Margarita.-
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